Este miércoles 5 de Agosto, los concejales de San Isidro retomaron la actividad legislativa luego de que la sesión de la semana anterior no pudiera realizarse por la ausencia de la mayoría de los ediles.
El regreso al recinto representa una señal positiva para el funcionamiento institucional, especialmente después de la preocupación planteada por San Isidro Noticias en la nota “Un Concejo sin actividad frena el crecimiento de San Isidro”.
Sin embargo, la vuelta al debate también pone sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿qué pasará ahora con los proyectos que siguen esperando tratamiento?
Entre las iniciativas pendientes se encuentra el proyecto de ordenanza presentado por la Dra. Joana Machuca para crear un Programa Integral de Gestión y Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos.
Según informó el Ejecutivo, la propuesta aún no fue trabajada por la comisión correspondiente ni recibió tratamiento legislativo. Ante esa situación, el Municipio presentó una solicitud de pronto despacho para que el expediente pueda avanzar dentro del circuito institucional.

Una propuesta que merece ser analizada.
El proyecto apunta a organizar la separación, recolección, tratamiento y disposición final de los residuos generados en San Isidro.
La iniciativa busca mejorar la higiene urbana, reducir el impacto ambiental y promover una mayor conciencia comunitaria sobre el destino de la basura.
Ahora bien, debatir un proyecto no significa aprobarlo automáticamente. Tampoco implica quitarle valor al rol de los concejales. Todo lo contrario: el Concejo Deliberante es precisamente el ámbito donde las propuestas deben estudiarse, corregirse, discutirse y, si corresponde, mejorarse.
Los ediles pueden tener observaciones, diferencias o alternativas superadoras. Ese intercambio forma parte de la democracia y puede enriquecer cualquier iniciativa. Pero para que eso ocurra, el expediente debe salir de la quietud y entrar en discusión.

El ambiente necesita acuerdos.
La gestión de los residuos no debería quedar atrapada en una lógica de oficialismo contra oposición. La basura, su acumulación y sus consecuencias sanitarias afectan a todos los vecinos por igual.
Por eso, este proyecto podría convertirse en una oportunidad para demostrar que hay temas donde San Isidro necesita acuerdos mínimos.
El Ejecutivo tiene la responsabilidad de explicar cómo funcionaría el programa, qué recursos demandaría y cuáles serían sus beneficios concretos. El Concejo, por su parte, tiene la tarea de analizarlo, controlar, proponer cambios y evaluar su viabilidad.
Una oposición responsable no está obligada a acompañar cada iniciativa del Gobierno municipal, pero sí puede aportar desde el debate, el control y las propuestas. Del mismo modo, el oficialismo debe estar dispuesto a escuchar cuestionamientos y aceptar modificaciones cuando estas mejoren el proyecto.
Una nueva oportunidad institucional.
Después de varias reuniones sin actividad legislativa, el regreso de los concejales abre una nueva etapa. Más que insistir en reproches, la comunidad necesita que esta vuelta se traduzca en continuidad institucional, diálogo y respuestas concretas.
El proyecto de gestión de residuos podrá ser aprobado, modificado o rechazado. Cualquiera de esas posibilidades forma parte del juego democrático. Lo que no debería ocurrir es que una iniciativa vinculada al ambiente, la salud y la limpieza urbana quede sin análisis.
San Isidro necesita un Concejo activo y un Ejecutivo dispuesto a rendir cuentas. Son roles distintos, pero ambos comparten una responsabilidad común: contribuir al desarrollo de la comunidad.
Porque cuidar el ambiente no debería ser una bandera partidaria, sino un compromiso común con el presente y el futuro de todos los vecinos.




