Me siento, miro la imagen y trato de entender. Arriba muestran las luces colocadas actualmente. Abajo, una cancha iluminada con enormes torres. Y en el medio aparece una frase contundente: “Cuando la plata se malgasta, se nota”.

Lindo montaje. Buenas letras. Mucho color. Pero hay un pequeño problema: la historia que cuentan estaría incompleta.
Según pudo saber San Isidro Noticias a través de fuentes consultadas, las torres lumínicas destinadas originalmente a ese espacio habrían sido colocadas en una cancha de fútbol construida durante la gestión del exintendente Carlos Martínez, poco antes de que dejara el Municipio.
Sí, leyó bien: las mismas luces que ahora reclaman para la plaza habrían sido llevadas a otro lugar por quienes gobernaban anteriormente.
La gestión actual tendrá aciertos y errores, como cualquier administración. Pero también gobierna con recursos escasos y, aun así, está intentando brindar respuestas. Las luces instaladas podrán no ser las torres que originalmente correspondían, pero cumplen una función concreta: evitar que el lugar quede convertido en una boca de lobo, completamente a oscuras.
Entonces, ¿qué debía hacer el Municipio? ¿Esperar indefinidamente mientras los vecinos continuaban transitando un espacio oscuro e inseguro? ¿O utilizar los recursos disponibles para ofrecer una solución inmediata?
El señor "periodista", que siempre tiene algo para decir, también podría ayudar a responder otras preguntas: ¿quién decidió cambiar el destino de las torres?, ¿dónde fueron instaladas exactamente?, ¿por qué no están en el lugar para el cual habían sido previstas? ya que fue parte de la gestión anterior.
Porque criticar desde una imagen es sencillo. Más difícil es reconocer que, con poco, la actual gestión está tratando de resolver lo que otros dejaron pendiente.
Antes de burlarse de las luces que hoy existen, habría que explicar qué hicieron con las que realmente debían estar allí.
Porque una solución puede ser modesta. Pero entre eso y abandonar a los vecinos en la oscuridad, la diferencia también se nota.
Increíble, ¿no?




