Este domingo 13 de septiembre se celebra el Día del Programador, una fecha dedicada a reconocer el trabajo de quienes desarrollan las tecnologías que utilizamos diariamente, muchas veces sin conocer todo lo que sucede detrás de una pantalla.
Hoy podría explicar por qué el Día del Programador se celebra durante la jornada número 256 del año. Podría hablar de bits, bytes, lenguajes y computadoras.
Antes de seguir te invito a leer sobre mi experiencia laboral en "Sangre, sudor y lágrimas".
Pero prefiero hablarle a quien está del otro lado y alguna vez pensó:
“Esto no es para mí”.

No crecí rodeado de empresarios tecnológicos. No tuve un camino perfectamente diseñado ni alguien que me garantizara que todo iba a salir bien.
Aprendí programación estudiando en diferentes niveles a distancia o presencial, pero principalmente siendo autodidacta: buscando información, siendo curioso, preguntando, equivocándome, rompiendo cosas, rompiendo computadoras y volviendo a empezar cuando nadie estaba mirando.
Hoy soy CTO de Smarlin.com, una plataforma inmobiliaria que utiliza inteligencia artificial, y construí desde cero San Isidro Noticias, el medio desde el cual estás leyendo estas palabras.
Pero mi historia no está formada solamente por logros.
La programación no evitó que me cayera. Me enseñó algo mucho más importante: todo problema puede dividirse, analizarse y enfrentarse paso a paso.
Por eso quiero hablarle especialmente al joven que vive en un paraje rural, a quien solamente dispone de una computadora vieja o un teléfono, a quien siente curiosidad pero piensa que necesita ser un genio para comenzar.
No necesitás saber todo.
No necesitás hablar perfectamente inglés.
No necesitás tener una idea millonaria.
Y definitivamente no necesitás el permiso de nadie.

Necesitás curiosidad, paciencia y la voluntad de continuar cuando el código no funcione. Porque muchas veces programar consiste exactamente en eso: intentar, equivocarse, aprender y volver a intentarlo de una manera diferente y para mi lo más importante, rodearte de buenas personas.
No voy a mentirte diciendo que es sencillo. Aprender lleva tiempo, provoca frustración y exige muchas horas de práctica.
Pero tu lugar de nacimiento, tu apellido o la cantidad de dinero que tengas no determinan tu capacidad para aprender.
Empezá con algo pequeño. Una página, una aplicación sencilla, un programa que resuelva un problema de tu escuela, tu familia, tu barrio o tu comunidad. No esperes sentirte preparado, porque probablemente nadie se siente preparado cuando comienza.
La tecnología no debería ser solamente algo que consumimos. También puede ser una herramienta para crear oportunidades sin tener que esperar que todas las soluciones lleguen desde afuera.
Si mi historia puede dejarte algo, que sea esto:
Tal vez tu primer código no funcione. El segundo tampoco. Quizás cierres proyectos, pierdas oportunidades o tengas que empezar nuevamente desde cero.
Hacelo de todas maneras.
Porque detrás de cada cosa que hagas hubo alguna vez una persona mirando una pantalla vacía, sin saber exactamente cómo hacerlo, pero decidida a intentarlo.
No sé hasta dónde puede llevarte la programación.
Lo que sí sé es que nunca vas a descubrirlo si permitís que alguien te convenza de que no podés.
Aprendé. Construí. Equivocate. Volvé a empezar.
El futuro también necesita programadores nacidos en nuestros barrios, en nuestros pueblos y en nuestros parajes.
Quizás el próximo seas vos.
¡FELIZ DÍA DEL PROGRAMADOR!




