Por un lado, los vecinos reclaman mejores condiciones de transitabilidad, una demanda legítima que afecta el traslado, la educación, la atención sanitaria y la producción. Por otro, existen familias en situación de vulnerabilidad que necesitan una respuesta habitacional urgente.
Atender una necesidad no significa abandonar la otra.
Los caminos no son solo responsabilidad exclusiva del Municipio.
El mantenimiento de la red vial tampoco recae completamente sobre la Municipalidad. La responsabilidad depende de la jurisdicción de cada camino, mientras que la Provincia debe mantener los tramos que le corresponden y acompañar a los municipios con maquinaria y recursos.
San Isidro es un municipio pequeño, con recursos limitados, deudas de la gestión anterior y escasa asistencia provincial y nacional. Pretender que pueda resolver por sí solo toda la problemática vial rural significa ignorar las responsabilidades de los demás niveles del Estado.
Se debe planificar, establecer prioridades, atender los sectores más comprometidos y trabajar cuando las condiciones del suelo lo permitan. Pero tampoco corresponde cargarle toda la responsabilidad mientras el acompañamiento externo resulta insuficiente.
A esto se suman las lluvias frecuentes y la circulación de vehículos pesados. Reparar un camino de tierra mientras el suelo permanece saturado puede significar desperdiciar combustible, maquinaria y dinero público, porque una nueva lluvia o el paso de un camión cargado puede destruir el trabajo en pocas horas.
Cerca de 20 soluciones habitacionales con recursos municipales.
La política habitacional responde a otra necesidad y presenta resultados concretos. De acuerdo con información confirmada por San Isidro Noticias, durante los primeros seis meses de gestión la Municipalidad avanzó con cerca de 20 soluciones habitacionales, construidas con recursos propios.
Las intervenciones alcanzaron tanto a familias del casco urbano como de diferentes parajes rurales. Entre las acciones recientes se encuentra una nueva vivienda en el barrio Esperanza, destinada a la familia Aguilar-García, además de módulos entregados en El Duraznillo y otros sectores de San Isidro.
Podrán no ser las viviendas definitivas que todas las familias merecen. El déficit habitacional requiere programas más amplios y una participación real de los gobiernos provincial y nacional. Sin embargo, estas construcciones permiten que familias que vivían en condiciones precarias accedan a un espacio más seguro y protegido.
Reducirlas despectivamente a “casillas de madera” no demuestra que sean inseguras ni responde una pregunta fundamental: ¿qué alternativa inmediata se les ofrece a esas familias mientras no llegan programas habitacionales de mayor alcance?

Dos problemas que necesitan respuestas.
San Isidro necesita caminos transitables y viviendas dignas. Enfrentar ambas necesidades solamente desvía la discusión y coloca toda la responsabilidad sobre un municipio que administra recursos escasos.
Los reclamos deben escucharse y las obras deben planificarse. Pero también corresponde reconocer que, mientras se esperan soluciones estructurales y mayor acompañamiento de otros niveles del Estado, cerca de 20 familias ya recibieron una respuesta concreta por parte de la Municipalidad de San Isidro.
La crítica es necesaria cuando busca mejorar. Pero pierde seriedad cuando enfrenta a quienes necesitan un camino con quienes necesitan un techo, como si la dignidad de unos tuviera que construirse a costa de las necesidades de otros.




