El cansancio constante, la falta de motivación y la sensación de no rendir como antes pueden ser señales de agotamiento laboral.

Este problema no debe confundirse con pereza ni con una simple mala semana. Suele aparecer cuando el estrés relacionado con el trabajo se mantiene durante demasiado tiempo y no logra manejarse adecuadamente.

El término inglés burnout, cada vez más utilizado, puede traducirse como síndrome de desgaste o agotamiento profesional.

La Organización Mundial de la Salud lo reconoce como un fenómeno vinculado al ámbito laboral, aunque aclara que no está clasificado como una enfermedad. Según la OMS, se caracteriza principalmente por tres aspectos: agotamiento intenso, distanciamiento o rechazo hacia el trabajo y una disminución de la eficacia profesional.

Señales que no deberían ignorarse.

El agotamiento laboral no aparece de un día para otro. Generalmente se desarrolla de manera gradual y puede manifestarse a través de distintas señales.

Entre las más frecuentes se encuentran el cansancio físico y mental que no mejora con el descanso, la falta de motivación para comenzar la jornada, la irritabilidad, la frustración, los cambios frecuentes de humor y la dificultad para concentrarse o tomar decisiones.

También pueden aparecer sensación de no cumplir adecuadamente con las tareas, distanciamiento de compañeros, pérdida de interés por el trabajo, problemas para dormir, dolores de cabeza, tensión muscular o la necesidad de seguir trabajando fuera del horario habitual.

Tener una de estas señales de manera ocasional no significa necesariamente atravesar un cuadro de agotamiento laboral. La atención debe aumentar cuando varias se mantienen durante semanas y empiezan a afectar la vida familiar, social o personal.

Por qué puede ocurrir.

Las causas no dependen únicamente de la capacidad de cada persona para “soportar la presión”.

Las cargas excesivas, la falta de personal, los horarios prolongados, la poca claridad en las funciones, la inseguridad laboral, el maltrato, la falta de reconocimiento y la dificultad para conciliar la vida laboral y familiar pueden afectar seriamente el bienestar.

La OMS advierte que la salud mental en el trabajo puede verse perjudicada por condiciones como el escaso apoyo, la baja autonomía, la discriminación, la desigualdad, la sobrecarga y otros riesgos presentes en la organización laboral.

Por eso, no siempre alcanza con pedirle al trabajador que descanse o que se organice mejor. Si las condiciones que provocaron el agotamiento continúan, el problema probablemente vuelva a aparecer.

Algunas medidas que pueden ayudar.

Reconocer que algo no está bien es el primer paso.

También puede ser útil respetar los horarios de descanso, establecer límites fuera de la jornada, ordenar las tareas según su importancia, evitar asumir más responsabilidades de las posibles y realizar pausas breves durante el día.

Hablar con una persona de confianza, con un superior o con el área responsable también puede ayudar a poner en palabras lo que está ocurriendo.

Además, mantener hábitos de sueño, alimentación y actividad física, reservar tiempo para actividades alejadas del trabajo y solicitar atención profesional cuando el malestar persiste son medidas importantes para cuidar la salud.

Las empresas, instituciones y organismos también tienen responsabilidad. Revisar las cargas de trabajo, escuchar al personal, prevenir el hostigamiento, definir correctamente las funciones y ofrecer condiciones razonables son acciones fundamentales.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad.

El agotamiento laboral puede confundirse con ansiedad, depresión u otros problemas de salud. Por ese motivo, no es recomendable realizar un diagnóstico por cuenta propia.

Si el cansancio es persistente, aparecen crisis de angustia, aislamiento, alteraciones importantes del sueño o dificultades para realizar actividades cotidianas, es conveniente consultar con un profesional de la salud.

Ningún empleo debería exigirle a una persona que sacrifique permanentemente su bienestar.

Pedir ayuda, poner límites y hablar sobre lo que ocurre no representa falta de compromiso. Muchas veces es la decisión necesaria para empezar a recuperarse y volver a construir una relación más sana con el trabajo.